31 de Diciembre

El último día del año...es un pellizco en el alma. Es un dia íntimo, casi incómodo, porque La Verdad (sí, esa verdad, la que empieza con mayúsculas, la que sólo tú conoces y no le cuentas a nadie) se sienta contigo a la mesa y no te va a aceptar brindis vacíos. Es como mirar al sol que cae y notar que algo dentro de ti también se apaga, pero con esa nostalgia que arde, que duele bonito. No es un final, ni siquiera un principio, es una pausa en mitad del caos, una tregua que te da la vida para pensar si lo que has sido este año es lo que querías ser.

Es un día para recordar a los que ya no están, para escuchar el eco de los "te quiero" que no dijiste y prometerte que, aunque todo pase, no...no se te va a olvidar vivir. Pero también es un día para levantar la voz, porque no basta con sobrevivir al calendario. Hay que exigirle al tiempo que merezca la pena, que los días no sean sólo números que tachamos en silencio.

Y cuando llegue la medianoche, no pidas deseos; hazte promesas. Promesas de amar más, de luchar más, de callar menos. Porque el último día del año no es un cierre, es un susurro que te dice que la vida sigue, y que el único pecado sería no vivirla como si la fueras a perder mañana.

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