Aún queda función

La Navidad es época de tradiciones, dicen. Yo tengo la mía propia: cada nochebuena, muy de madrugada y en completa soledad, preparo un buen plato de bolitas de coco (desconozco a quién se le ocurrió la maravillosa idea de juntar coco, chocolate y azúcar pero le debo parte de mi terapia navideña), me acomodo en el sofá y le doy al play a "Qué bello es vivir". No sé cuántas veces la he visto ya, pero siempre termino igual: con los ojos hinchados y el corazón un poco más lleno.

Hay algo en esta película que me toca una fibra profunda, como si el bueno de George Bailey fuese una versión más desesperada de todos nosotros, cargando con sueños rotos y responsabilidades ineludibles.Vamos, como cualquiera de los aquí presentes un lunes sin café. Pero luego llega ese final. Ese final tan increíblemente cursi que debería empalagarte más que las bolitas de coco, pero no. Ese final tan bonito que es capaz de sacarte lágrimas hasta cuando crees que ya no te quedan. Ese que te devuelve la fe en la condición humana por un ratito: amigos de verdad que aparecen cuando todo parece perdido, abrazos sinceros, y la campanilla que suena justo en el momento perfecto, lanzándote un directo al corazón que -hasta el día de hoy- no sé esquivar. Siempre acabo llorando con esta escena como si la viera por primera vez. Y siempre termino sonriendo entre lágrimas. 

Este año, el trocito vacío que llevo en el pecho me ha hecho sentir que voy a ver la película de otra manera. He pensado en los que ya no están y en cómo, de alguna forma, siguen apareciendo en los momentos cruciales, como Clarence en el último segundo. Y he sonreído, porque al final, "Qué bello es vivir" es eso: saber que, aunque el camino sea duro, siempre hay alguien que hará sonar una campanilla por ti. 

Y yo, con mis bolitas de coco y mis lágrimas agridulces, pienso que George Bailey tenía razón; porque la vida será lo que quiera, pero a veces -cuando menos te lo esperas- te lanza una campanilla y te dice: "aún no te rindas, que la cosa sigue. Tira pa'lante que aún queda funcion".

Así que va a ser que sí...esta nochebuena volveré a brindar por George Bailey, el hombre más rico de la ciudad.

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